Así que aparentemente el gobierno colombiano pagó una recompensa por la captura de un supuesto represetante de un grupo gerrillero/terrorista. Tal captura sucede en territorio venezolano y, más aún, funcionarios de este gobierno están involucrados directamente. En respeusta, el gobierno reacciona visceralmente diciendo que tal cosa es
una agresión colombiana y que ha ordenado la
suspensión de los acuerdos comerciales con el vecino país.
Independientemente de si secuestrar a un miembro de una organización terrorista en territorio extranjero es una agresión o no, e independientemente de que tal acción haya sido poco inteligente por parte de las autoridades colombianas o que haya sido un intento por parte de la CIA para recalentar las relaciones bilaterales, lo que vale la pena resaltar es que, aparentemente la gente de a pié, los comerciantes y viajeros,
siguen con sus negocios tal como lo hacen día a tras día de ambos lados de la frontera:
Estamos atentos a cada uno de los centros de despachos de mercaderías" de los dos países, comentó [el presidente de la Cámara Venezolano Colombiana de Integración Económica, Cavecol, Moisés Bittán]. Y de acuerdo al "monitoreo" constante, se advierte "relativa tranquilidad, en el sentido de que las empresas están conscientes que en este momento ambos países están viviendo un impasse diplomático, pero ven con buenos ojos que el presidente de Brasil, Inácio Lula da Silva, haya abierto nuevos espacios para la comunicación y pronta solución" de la controversia.
De manera que por un lado tenemos que las actividades pacíficas, constructivas y voluntarias de los individuos se mantienen en pié, a pesar de cierta cautela necesaria en estos casos; mientras que las relaciones entre los dos estados, agentes coercitivos y opresores por naturaleza de sus respectivos súbditos, se han deteriorado enormente, hasta el punto que el embajador venezolano en Bogotá ha sido llamado a consultas y
y no regresará (...) mientras el gobierno de Colombia no ofrezca disculpas y retifique acerca de lo que ha hecho, según el presidente venezolano.
Así es y será siempre: el individuo en sus asuntos, pacífico y tranquilo; el estado en permanente agresión.