Cada vez que sucede una catástrofe natural de cualquier tipo, los mesías de turno en cada país se dedican a la benevolente tarea de ser caritativos con el dinero que no les pertenece. Hace un tiempo, en un artículo que ha resultado ser de los más comentados aquí,
escribí lo siguiente:
(...)La pregunta, claro está, es ¿Quién le dio permiso a Chávez para regalar el dinero de los contribuyentes? Porque, hasta donde yo sé, el dinero no sale del bolsillo de Chávez, sale del bolsillo de todos aquellos a los que el Estado ha expropiado violentamente vía impuestos.
Obviamente los poderosos del momento no se toman la más mínima molestia de explicar quién les dio permiso para regalar lo que no es suyo. En esta ocasión, las víctimas son guyaneses, quienes se han visto afectados desde principios de año por fuertes lluvias e inundaciones. El gobierno venezolano ha decidido
enviar insumos y personal técnico al vecino oriental. El objetivo es el mismo sin embargo, acrecentar el prestigio del estado y hacer parecer a sus dirigentes como ángeles bonachones que sólo quieren el bien de la humanidad. Si así fuese, cada uno de estos despilfarradores de oficio sacaría dinero de su propio bolsillo y lo donaría a instituciones privadas que se especializan en la tarea de llevar ayuda a las víctimas de desastres naturales.