Quizás esa sea la pregunta que más de uno de los que se han opuesto a este gobierno se esté haciendo en estos días post-electorales. En mi opinión, para comprender la situación actual y ser capaz de hacer una proyección hacia el futuro, es imprescindible analizar las causas de la vicotira Chavecista en prácticamente la totalidad del país. En primer lugar, es obvio que el lider del neo-izquierdismo latinoamericano tiene mucho arrastre, es un populista bien entrenado para decir lo que la masas quieren escuchar y para buscarse enemigos ficticios a quienes achacar los fracasos de su gobierno. Los candidatos del MVR evidentemente aprovecharon el portaviones y navegaron tranquilamente arrastrados por el carisma de su jefe supremo. Pero en segundo lugar, me parece evidente que el error de la dirigencia opositora fue tratar de combatir demagogia con más demagogia, estatismo con más estatismo. Evidentemente así no podían aspirar a ganar nada.
De manera que ahora Chávez controla la
Asamblea Nacional, tiene control efectivo del
Tribunal Supremo de Justicia, ni hablar del contralor o del fiscal (éste último amigo personal de Chávez), todas menos dos gobernaciones y 210 de 250 alcaldías. Bello balance de poder.
Con lo cual vamos al punto central, ¿ahora qué? Me parece que la única alternativa que tienen los gobernadores y alcaldes que sobrevivieron la marea roja es tomar una línea radicalmente diferente a la que han venido levando. De otra forma, en la próxima elección nadie va a sobrevivir; si siguen contrastando estatismo con más estatismo, el estatólatra mayor, el controla más recursos y tienen más poder -Chávez- se los va a seguir llevando en los cachos.
La línea radical obviamente tiene que consistir en una política lo más liberal posible, de manera que la gente pueda ver la verdadera diferencia entre los resultados que produce el socialismo y los que produce el capitalismo verdadero, no el mamotreto ése que no has pretendido meter por los ojos los políticos de la Cuarta y de la Quinta por igual. Los gobernadores y alcaldes tendrán que reducir sus burocracias, impuestos y regulaciones; privatizar lo que puedan y en general liberalizar lo más posible dentro de sus propias jurisdicciones, en pocas palabras, convertirlas en islas de liberalismo en medio del mar de estatismo que las rodea desde el 31 de octubre.
Evidentemente esa no será una tarea fácil, dada la presión a la que seguramente se verán sometidos desde el poder central y del entorno generalmente estatista en el que estarán desenvolviéndose. Sin embargo, creo que es una estrategia ganadora a largo plazo, en vista de la bancarrota política y económica que representa el sistema estatista e interventor que encarnan Chávez y sus seguidores, el cual está condenado al fracaso inevitablemente tarde o temprano. Simplemente el estatismo no ha funcionado en ninguna de sus formas dondequiera que ha sido puesto en práctica.
Según como yo lo veo, no queda otra salida, sino el liberalismo.