Un poco en línea con mi artículo reciente sobre
la privatización del espacio radioeléctrico, esta semana
Guillermo Rodríguez discute con más detalles una
posible forma de llevar a cabo tal privatización. Guillermo y yo coincidimos en que hay un problema de escasez de oferta en cuanto a programación:
«La verdad es que no hay mucha competencia real en un mercado de “graciosos” concesionarios. Los que recibieron gracias menores, no pueden competir con los que las recibieron mayores, y estos al final, siguen siendo dos... y sólo dos. Tamoco hay suficentes gracias menores como para que les compliquen la vida a los de las mayores... ni entre sí.»
y esta escasez es creada artificialmente por el gobierno y sus innumerables regulaciones y restricciones.
Sin embargo, la diferencia surge en el método de privatización. Yo planteo que la privatización se lleve a cabo mediante una subasta (aunque no lo dejo explícitamente en mi artículo) y que:
Las ganancias obtenidas de la privatización, serían devueltas al público en forma de descuentos sobre sus declaraciones de impuestos o algún método similar.
Mientras que Guillermo explícitamente excluye la subasta de frecuencias:
«No se trata de proponer subastas de frecuencias. Se trata de transferir de forma definitiva e irreversible, la propiedad de todo el espacio radioeléctrico a todos y cada uno de los ciudadanos, con un titulo de propiedad individual vitalicio e intransferible, para que sean las personas las que “concedan” a empresarios interesados, el derecho a transmitir.
Ahora, un título de propiedad que no puede ser transferido, vendido, alquilado a la plena voluntad de su titular no me parece muy útil (aunque espero por los detalles más específicos que Guillermo presumiblemente planteará en un próximo artículo). Digamos que a mi no me interesa en nada el negocio de la radio-difusión, entonces yo debería poder vender mi porción de espectro al mejor postor, o regalarlo a una nueva televisora comunitaria, si ese es mi deseo.
La razón por la que Guillermo descarta el método de la subasta estriba en que de esa forma, el estado se haría beneficiario de las ganancias por la venta de un bien que no le pertenece en primera instancia. Allí estamos de acuerdo. Sin embargo, si aceptamos que los títulos de propiedad en el espacio radioeléctrico deben ser repartidos por el Estado a todos los ciudadanos, surgen varios problemas, por ejemplo, puede ser que a mi me toque una frecuncia en AM, cuando lo que yo quisiera es una frecuencia en UHF para abrir un canal de TV. Pero como el título de propiedad es instransferible, me tengo que quedar clavado, por así decirlo, con mi frecuancia AM. De manera que estaríamos abriendo la puerta para que grupos políticamente bien conectados se aprovechen del proceso, creando más corrupción y concentración de recursos, que las que queremos prevenir con la privatización.
Además está un problema más de moral: ¿por qué tengo yo derecho a poseer algo que no he adquirido, ni apropiado originalmente? Es decir, ¿por qué tengo que esperar una dádiva del gobierno? Después de todo, una de las cosas que queremos eliminar los liberales es la mentalidad de dependencia del gobierno que impera en el país.
Por estas razones, yo me inclino más por una solución a
la austríaca, la cual se basa en una teoría libertaria de los derechos de propiedad. Esencialmente lo que dice la teoría es que un recurso que no tiene dueño, puede ser apropiado por la primera persona que haga uso de él (el principio en inglés se llama
Homestead). De manera que los actuales concesionarios pasarían a ser dueños de sus respectivas frecuencias y las frecuencias inutilizadas hasta ahora quedarían libres, para ser tomadas por el primero que establezca una estación en determinada zona geográfica.
Los detalles de la solución austríaca pueden ser consultados en un artículo aparecido hoy mismo en el sitio del
Instituto von Mises titulado
The Spectrum Should Be Private Property: The Economics, History, and Future of Wireless Technology.
En cualquier caso, estamos de acuerdo en que hay que quitarle al gobierno la prerrogativa de regular y decir lo que se puede o lo que no se puede ver en TV, escuchar en la radio o leer en internet. Después de todo, todavía no he escuchado la primera propuesta para una Ley de Responsabilidad Social en la publicación de Libros. ¿Por qué será?