Mucho se ha hablado del ventajismo del gobierno durante la campaña electoral, e incluso Gaviria ha señalado lo es ampliamente conocido, mediante un eufemismo, desde luego, cuando
dice: «En Venezuela, señaló Gaviria, hay circunstancias especiales "porque el presidente Chávez tenía una enorme mayoría en la Asamblea Constituyente y en los procesos hay una concentración de amigos del Presidente y de gente de sus partidos en el CNE, en el Tribunal Supremo". Dijo que el consejo en algunas circunstancias "terminó decidiendo por líneas partidistas"»
Luego se encuentra uno en el editorial de
TalCual una ilustración de librito de la típica ilusión de un estatista: si sólo colocáramos a la persona indicada en el puesto de comando, el Estado funcionaría mejor y de manera equitativa:
En su nivel dirigente está aceptada la tácita distribución de dos y dos para cada lado, suponiéndose, cuando fue designado el CNE por el TSJ, que el presidente sería un factor de equilibrio.
No ha sido así. Carrasquero se cuadró con el lado oficialista del CNE y eso aseguró una mayoría automática para ese sector. Se presenta ahora la necesidad y la oportunidad de designar un nuevo presidente para el organismo, del cual quepa esperar la rectitud y la ecuanimidad –independientemente de hacia dónde se incline su corazoncito– que Carrasquero no garantizó.
Me resulta sumamente ingenuo, por decir lo menos, esperar imparcialidad o equilibrio de una instancia con mayoría oficialista, designada por un
TSJ de mayoría oficialista, el cual a su vez fue nombrado por una
Asamblea Nacional de mayoría oficialista. En un país normal, uno esperaría que el Fiscal General o el "Defensor" del pueblo actuaran, pero cuando uno se entera de que el Fiscal es amigo personal del presidente y el Defensor fue también nombrado por la misma AN, entonces no veo en que ente cifra sus esperanzas el señor Petkoff.
De manera que tenemos ahora en Venezuela el ejemplo más patente de la inviabilidad del Estado para impartir justicia. Obviamente, no podemos esperar que un ente, el Estado, actúe en su propia contra, cuando es juez y parte en una disputa. Esa es la cruz que debe cargar el estatista, para ponerla más clara, ¿Cómo se resuelven los conflictos entre cualquier persona y el Estado, cuando el Estado es el mismo juez de la causa? La única solución para el estatista es la ilusión del dictador benevolente y justo, ése que no va a utlizar el poder del Estado para su beneficio propio.
Espérenlo, pero sentados.